El concierto en 23Robadors fue un tremendo éxito.

Cierto es que el aforo de la sala, en tiempos de pandemia, era de 50 personas sentadas: ¡pero es que ocupamos todas las sillas!

Dos de ellas fueron para posicionar amplificadores, cierto…, también es verdad que otra la ocupó el cantante para dejar su botellín de agua (agua extrañamente marrón y con espuma), y su famosa toalla para secarse las gotas de emoción líquida de la frente. También.

Pero al menos 47 oyentes sí que tuvimos… Estamos contentos.

Este concierto nos hacía falta a nosotros y a nuestros seguidores. Fue una catarsis. Lo de no poder, al menos por ley, ponerse de pie y lanzarse a bailar, nos añadió a todos una tensión alegre y extraña que desembocó en un desbocado contoneo de glúteos sobre las sillas, y en unos histéricos zapateos flamencos sobre el entarimado del local: todo el público sentado, pero ningún comensal quieto. Les queremos y repetiremos!

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